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Esta es la historia de la comuna de Providencia.

A la llegada de la huested de Pedro de Valdivia al valle del Mapocho, se encontró con un vasto territorio que pertenecía al pueblo de los picunches; tribu indígena dedicada a la agricultura, ellos se organizaban en cacicazgos, territorios dirigidos por caciques que ejercían jefaturas sobre sus habitantes, los más importantes fueron los caciques de  Loncomilla, Vitacura y Apoquindo.  

 De acuerdo con las normativa indiana el valle del Mapocho reunía las condiciones apropiadas para establecer allí una ciudad, así el 12 de febrero de 1541 se fundó Santiago de Nueva Extremadura; en honor al apóstol Santiago. Como parte de la política de conquista española se inició el proceso de sometimiento de los habitantes del valle, sus tierras pasaron a dominio de la Corona Española y fueron entregadas en usufructo a los integrantes de la expedición de Pedro de Valdivia, en calidad de merced de tierras; ellas sirvieron para el sustento de la población, y sus ancestrales dueños pasaron a constituirse en encomiendas, que en la práctica significó mano de obra para los españoles recién llegados.

 La fundación de Santiago dio un nuevo orden a los territorios aledaños al villorrio, se distinguió un cinturón agrícola llamado las chacras (zona de Bellavista), otro fue las tierras de los éjidos, tierras comunes administradas por el Cabildo de Santiago que servían para pastoreo menor (zona de la actual comuna de Providencia) y la dehesa tierras más distantes de la ciudad, destinadas al pastoreo mayor y a la recolección de leña y tala de árboles (zona actual de la Dehesa).

 Los territorios que conformarían la comuna de Providencia en 1897 originalmente fueron agrícolas con una buena red de acequias de regadío, esto incentivo el interés de los españoles por poseer tierras aquí.

 En la primera distribución de tierras (mercedes de tierras) en la zona de Providencia resultaron favorecidos los conquistadores  Pedro González de Utrera, Juan Valiente, Santiago de Uriona, Gonzalo de los Ríos y Diego de Oro, estos fueron propietarios de la extensión Lo Barvo que después se llamó Los Leones. El sector de Pedro de Valdivia Norte llamada por los indígenas  la chacra de Coyo  (por los saltos de agua que habían) fue donado por Pedro de Valdivia a don Rodrigo de Araya, criado de Valdivia y persona de honra.[1]




[1] Krebs, Ricardo y Rodríguez, Hernán, Providencia 100 años de la Comuna, Santiago, 1997.Ediciones de la esquina Limitada, Capítulo II, pág. 12.

 

El 21  de Agosto de 1603 se emprendió el alineamiento de las tierras de Santiago (las mensuras de Ginés de Lillo) poniendo algo de orden en las donaciones originales. Reclamaron tierras y recibieron en el sector: 

 Francisco de Herrera, (…)  Martín de Zamora y su suegro  Antonio Díaz, (…) parte de la zona de Apoquindo fue entregada a doña Mariana  de Osorio viuda del capitán Alonso de Riberos y Figueroa y  Martín de Candia… Otros terratenientes beneficiados fueron: Esperanza de Ruedas; mujer de Jerónimo de Alderette; (…) fue favorecida con posesiones en Tobalaba. Doña Catalina de Los Ríos Lisperguer también fue vecina de la zona, heredó de don  Pedro Lisperguer tierras que fueron compradas por este a Jerónimo y Juan Fernández Alderete, allí pasó sus últimos días administrando personalmente su chacra. [1]

 Durante el siglo XVIII, el pago ñuñoino,  que comprendía el territorio de la actual Providencia vió extinguirse las encomiendas y desaparecieron los pueblos de indios, en tanto crecía la población del sector. Las fuentes arrojan   el siguiente listado de propietarios de  Providencia: familia Alcalde; que posteriormente   obtuvo el título de  Conde de Quinta Alegre;  poseían los terrenos que pasarían a ser del Seminario Conciliar, Pedro Coo y su mujer Magdalena Ureta, Pedro Herrera,  Jerónimo Bravo, Covarrubias,  José Saravia,  Juan Garcés,  Pedro Mateluna,  Martín Jáuregui, Lucas Fernández, Nicolás Balbontín, Agustín Argüelles, Agustín Infante, Juan Tocornal,  Juan Balmaceda, Alonso Guzmán, Joaquín Plaza, convento de la Merced, San Agustín, de la Ollería y las monjas Agustinas;  todos ellos figuran con una o más propiedades siendo la mayoría ranchos y chacras.[2]  

Una de las propiedades más grande que existió en la comuna fue La Contadora, don  Francisco Antonio de Avaria Vázquez de Osorio,  compró entre 1777 y 1780 las casi veinticinco cuadras a diferentes personas; ocho a Justo Cifuente,  nueve a doña María  y don Luis Zapata. Siete a don Miguel Verdugo;  y tres cuartos de cuadra a los herederos de don José  Pérez. El origen de los terrenos del Fundo La Contadora es parte de la merced de tierra entrega por Pedro de Valdivia  a Rodrigo de Araya que incluso incluían el Cerro San Cristóbal y el Salto, merced otorgada en el siglo XVI[3].

 A la muerte de don Francisco y sin herederos se la testó a su sobrina Mercedes Contador,  y a su vez ella, a su muerte la testó a su sobrino Diego Antonio Martínez.




[1] Krebs, e. al. Op. Cit. págs. 18, 19 y 20.

 

 

[2] Krebs et at, op cit., pág. 21.

 

[3] Krebs et at, op cit., pág. 21.

 

El siglo XIX vino aparejado de la Independencia de la Corona Española y la formación de la República, fue un siglo de grandes cambios que afectó todos los aspectos del habitante de Chile. En el caso de Providencia obras de adelanto mejorarán las condiciones de la agricultura como fue la construcción del Canal San Carlos; que había comenzado en el siglo anterior; permitió regar una mayor cantidad de tierras, la zona se convirtió en abastecedora agrícola de Santiago.

 En la época se distinguieron algunos grandes propietarios de chacras y fundos como:

 Doña Mercedes Contador (Pedro de Valdivia Norte); los descendientes del Conde Quinta Alegre; Santiago Larraín y Vicuña (Tobalaba); los hermanos Cifuentes Zorrilla; Don Lorenzo Mancilla; Don José Manuel Infante; Don Juan N. Parga; Don Pedro Montes Solar (Chacra el Oidor); Don Manuel de la Concha; Don José María Berganza (Chacra Lo Guzmán); Don Luis Correa Fontecilla; Doña Rosario Concha de Mandiola (Lo Bravo); Don Ramón Pérez de Valenzuela ; Francisco González; Doña Rita Tobar; Don Manuel Romero; Don Vicente Dávila (Fábrica de Hielo); Doña Primitiva Santander; Don Aldelmo Herbín; Doña Tránsito Olguín; Don José Renard; Don Enrique Cood; Don Saturnino Duazoroza y don Toribio Mujica.[1]




[1]Krebs et at, op cit., pág. 24.

 

Por diferentes circunstancias tres monjas y dos novicias canadienses perteneciente a la congregación de las hermanas de la Divina Providencia llegaron al puerto de Valparaíso; por error; debido a que su  destino final era Oregon (Estados Unidos).   

 Una vez en el puerto viajaron a Santiago, el entonces presidente de la República Manuel Montt y su ministro del Interior Manuel Antonio Varas insistieron en que las hermanas se quedaran en Chile, para hacerse cargo de los expósitos (niños huérfanos) tarea que el gobierno tenía pendiente y debía resolver. Gracias al tesón del ministro, en noviembre de  1854 la Beneficencia  compró a don Pedro Chacón  Morales; abuelo de Arturo Prat; sesenta y siete cuadras de su chacra, al oriente de Santiago, a objeto de implementar un proyecto social que contemplaba una casa de huérfanos que se llamó la Casa Nacional del Niño  que sería administrada por la congregación de Nuestra Señora de la Divina Providencia, y en el sector sur de la propiedad se construiría un sanatorio de insanos.

Los fondos necesarios para la labor de estas abnegadas hermanas provinieron del legado que hiciera la riquísima Matilde de Salamanca a comienzos del siglo XIX a la iglesia, recursos que posteriormente fueron administrados por la Beneficencia Pública, también se contó con la donación  que hiciera don Joaquín Valledor de su fundo, situado en Providencia. Se iniciaron atendiendo a 700 niños y después albergaron a 2.000. Sor Bernarda Morín logró que se implementara el lugar con nuevas y mejores construcciones y equipamiento, lo que permitió disminuir la mortalidad dentro del orfanato (50%), también tuvieron talleres para que los niños aprendieran un oficio.[1]

El antiguo callejón polvoriento llamado camino a Las Condes con el tiempo pasó a ser reconocido por la comunidad como el callejón de las hermanas de la Providencia y de allí derivó a avenida Providencia, a ellas también debemos el nombre de la comuna.  




[1] Krebs et at, op cit., págs. 24, 25 y 26.

 

La historia de la comuna ha estado estrechamente ligada a instituciones religiosas. En 1584 se fundó en Santiago el Seminario Mayor, por el tercer Obispo de Santiago el franciscano Fray Diego de Medellín. Debido a la necesidad de contar con un espacio más grande y adecuado para el Seminario, en 1853 el Arzobispado de Santiago compró una nueva propiedad para él, una finca de doce cuadras que pertenecía a la sucesión Pedregal y un retazo de la antigua chacra del Conde de Quinta Alegre y otras chacras más, llegando sus posesiones al callejón Lo Pozo (Avenida Condell). El arzobispo Rafael Valentín Valdivieso  puso en 1854 la primera piedra, en 1857 el Seminario se mudó a sus nuevas dependencia, la institución fue clave en la formación de sacerdotes y hombres públicos para el país.

 La segunda institución en orden cronológico en llegar a Providencia fue la congregación de las hermanas de la Divina Providencia, ellas se instalaron casi simultáneamente con el Seminario Mayor en 1854, su labor fue dedicada a la educación de niños huérfanos.

 El año 1872 fue un año igualmente importante en nuevas instituciones que se avecindaron en la comuna, una de ellas fue la congregación de las hermanas de Compañía de María de la Buena Enseñanza, ellas instalaron su convento y  colegio, al costado oriente del Seminario Mayor.

 El hospital del Salvador fue otra institución avecindada en la comuna, debido a los constantes brotes epidémicos que continuaban haciendo estrago entre la población, fue necesario para las autoridades constar con más establecimientos hospitalarios. Las más mortales fueron las de viruela, una de ellas se hizo sentir en la población produciendo un 60% de mortalidad infantil en Santiago. Las condiciones sanitarias, nutricionales, sociales, económicas y culturales explican estos datos. Una vez en retroceso la epidemia, el Presidente de la época don Federico Errázuriz Zañartu, nombró una comisión para recoger aportes en dinero, la finalidad de estos era construir un lazareto para variolosos (San Vicente de Paul) y un hospital para enfermos comunes (El Salvador).

Con lo recaudado compraron a los padres mercedarios del convento de la Merced un solar de doce cuadras que tenían  en Providencia, para construir el hospital  del Salvador.      

El 1 de enero de 1872 se colocó la primera piedra del hospital, recién en 1873 se inició la construcción, pero solo alcanzó para los cimientos, sobre ellos se pusieron barracas de madera para atender a los enfermos. Los trabajos fueron postergados debido a problemas económicos y a la Guerra del Pacífico, en el año 1888 se diseñó un nuevo proyecto y fue autorizada su construcción. Entre 1889 a 1890  se construyeron las primeras 5 salas.

En 1894 la comuna asistía a una nueva fundación esta vez correspondía a la congregación de la carmelitas de Santa Teresa del Montecarmelo, en la calle Bellavista al norte del río Mapocho instalaron su convento y escuela.

En 1909 la peste de viruela vuelve atacar, por lo que la Junta de Beneficencia tuvo que comprar una quinta a los jesuitas ubicada en el callejón  de  Las Azólas (calle José Manuel Infante), tenía una extensión de cinco cuadras y buenas edificaciones, allí se instaló un nuevo hospital se llamó San Luis, en sus dependencias funcionó un lazareto anexo al hospital y un cementerio. Dominada la peste el nuevo hospital se destinó a niños, bajo la dirección del pediatra Alejandro Infante.

La entrada al siglo XX preparaba a la comuna para nuevas fundaciones, esta vez con un carácter más laico debido al crecimiento de la población.

El crecimiento de la población de Santiago, junto con el aumento de la migración campo ciudad impulsó el desplazamiento a fines del siglo XIX de la elite santiaguina al sector oriente, con ello empezó a tomar forma este espacio que de rural se transformó en urbano. El interés de este grupo social por los terrenos de Providencia presionó el mercado de bienes raíces, comenzando lentamente el loteo de los fundos, chacras y quintas. Un ejemplo de ello fue la formación de la Sociedad Poblacional Providencia el 24 de diciembre de 1894; su objetivo el loteo de las tierras de la chacra Lo Guzmán y  la urbanización de la misma; su proyecto quedó evidenciado en el acta del 31 de diciembre de 1894 se acuerda abrir una avenida  de treinta metros de ancho  que partiere del camino de la Providencia  y termine por ahora en el deslinde sur de la chacra  Lo Guzmán, la nueva vía se llamó la gran avenida Pedro de Valdivia, en la mitad de esta avenida  se instruyó construir una plaza la actual Pedro de Valdivia[1].

 Si bien es cierto que los grupos adinerados fueron los primeros en instalarse en la zona, también a ella llegaron a instalarse extranjeros dedicados a actividades industriales; con ellos se formó un eje industrial que se ubicó en la avenida Salvador, José Manuel Infante, Manuel Montt, avenida Providencia, avenida Italia y Santa Isabel,  alrededor de ellas se construyeron casas y poblaciones para los trabajadores; tampoco estuvo exenta la proliferación de conventillos y cites.

En el siglo XX los empleados públicos y clase media acomodada construirán sus poblaciones, la posibilidad surgió gracias a los loteos de las grandes y medianas propiedades que aún existían en la comuna y  la gestión inmobiliaria.




[1] Volumen 1.1 de Actas de la Sociedad Poblacional Providencia. Sesión Ordinaria 31 de diciembre de 1894.

Fue el 25 de febrero de 1897 cuando el entonces Presidente Federico Errázuriz Echaurren decretó la subdivisión de la comuna de Ñuñoa, de ella nació una nueva comuna en el  sector oriente, esta fue Providencia.

Providencia era entonces un incipiente poblado de 5.000 habitantes. La existencia del convento de las hermanas de la Divina la Providencia, ubicado en la acera sur del principal camino, motivó que los habitantes llamaran a esa vía el callejón de la Providencia, dando origen al nombre de la comuna. Los comienzos de Providencia fueron precarios: no existía luz eléctrica, agua potable, alcantarillado, escuelas ni comercio; el paisaje era de ruralidad. 

Si bien es cierto el 25 de Febrero se creó la Comuna, solo el 02 de Mayo de 1897 se constituyó la Municipalidad de Providencia, demoró un poco más de dos meses en buscar candidatos y organizar las elecciones, así consta en el Archivo Histórico Municipal  en actas de sesiones municipales.

 En Santiago a 2 de mayo de 1897 a la una y media  bajo la presidencia del señor Subdelegado, Don Ramón Pérez Valenzuela, se reunieron los municipales electos  Don Ernesto Lafontaine, Presbítero  Espiridión Cifuentes, Don Juan Manríquez, Don Carlos Hernández Concha, Don Alberto Varas Solar, Don Wenceslao Sánchez, Don Emeterio Villalón, Don José Luis Salinas, Don Alfredo Manterola; que hizo de Secretario; por haberlo sido en la Junta Preparatoria. Se procede en conformidad al art. 12 de la ley, a la constitución de la Municipalidad después de haberse leído  el acta de la Junta Preparatoria y los artículos respectivos de la ley. Se prestó por todos los municipales electos el juramento previsto.

 Constituida la Municipalidad se procedió al nombramiento de Alcaldes por voto acumulativo, resultando elegidos los  señores Ernesto Lafontaine, Espiridión Cifuentes y Juan Manríquez. Enseguida se procedió a fijar la procedencia de los alcaldes y regidores, siendo designado por acuerdo unánime 1° Alcalde el  señor Lafontaine, 2º el señor Cifuentes y 3º el señor Manríquez. Se designó también  por acuerdo unánime que el 1° regidor  será Don Carlos Fernández C. y los demás por orden alfabético de apellidos. Se procedió al nombramiento de Secretario y Tesorero, resultando elegido para Secretario Don Alfredo Barros por unanimidad y para Tesorero Don Pedro María Jiménez por cinco votos contra cuatro que obtuvo Don Jorge Infante Baeza. Por acuerdo unánime se fijaron los días viernes  1º y 3º de cada mes para que tuvieran lugar las sesiones ordinarias, habiéndose convenidos que el próximo viernes no hubiese sesión.[1]

 La sesión de instalación de la Municipalidad de Providencia se hizo en el Cuartel de Policía de Providencia; propiedad que fue arrendada por la municipalidad de Ñuñoa; para mantener la seguridad de la zona, cuando este sector pertenecía a esa comuna. No hay mucha claridad en qué lugar específico de la avenida Providencia se localizaba esta propiedad, para dilucidar aquello podemos recurrir a que en 1903 se discutió en la sesión extraordinaria del 17 de abril el arrendamiento de la propiedad donde funcionaba la municipalidad

 Se dio cuenta, de una solicitud de don Alcídes Magnere, que ofrece arrendar por tres años […] la casa  de su propiedad que actualmente ocupa la Municipalidad con sus oficinas i cuartel municipal […]. Puesta en discusión la solicitud anterior, hizo presente el señor Velasco que la casa prestaba las comodidades necesarias para el objeto a que se tienen destinada, siendo su ubicación la más apropiada para el Cuartel de Policía i Sala Municipal, ya que  se encontraba en el centro de la comuna.[2]  

 La propiedad del señor Magnere se ubicó en la vereda norte del callejón de Providencia frente a las calles Manuel Montt y Antonio Varas. 

 En el año 1920 se deliberó sobre la moción de la compra de una propiedad para el funcionamiento de la municipalidad que fue aprobada, casa que perteneció al señor Javier Ortuza y se ubicó en la avenida Providencia entre los números 1614 al 1784  entre las calles Padre Mariano y Santa Beatríz.  

 Dar forma a la comuna fue un gran desafío, sin recursos y con propiedades eminentemente rurales que aportaron escasos ingresos al municipio. La primera labor de la institución fue tasar de nuevo las propiedades, para lo cual se creó la Comisión de Tasación que permitió un reavalúo de estas. Con las escasas entradas se instaló un Cuartel de Policía y se contrató un funcionario y para desplazarse se compró un caballo por lo que el municipio debió dar forraje y establo.

 


[1] Volumen N°1 Actas de Sesiones Municipales. Sesión Ordinaria del 02 de mayo de 1897.

 

[2] Volumen N°1 Actas de Sesiones Municipales. Sesión Extraordinaria de 17 de abril de 1903.

El comienzo del siglo XX sorprendió a la comuna en un bullicioso proceso de loteos, aperturas de calle, entregas de calle a la municipalidad, discusiones sobre las medidas de la faja jardín, la manteción y entubamientos de acequias, los vecinos solicitaban instalación de agua potable, luz eléctrica, permisos para construir muros perimetrales, permisos de edificación, empedrado y pavimentación de las calles. El comercio también echaba raíces, los empresarios solicitaban permisos para instalación de todo tipo de comercio desde fábricas hasta restaurantes, incluso permisos para extraer arena de la ribera del Mapocho.

En este ajetreo incesante el municipio cumplía con dar solución a las peticiones de vecinos y al mismo tiempo dotar a la comuna de otros servicios como asistencia pública, dispensarios, policía, escuelas, locomoción colectiva modificando los recorridos y los horarios para prestar un mejor servicio a esta incipiente población.

Con ello también comenzó a normar ciertas actividades, las ordenanzas y los decretos sirvieron para eso, se normó: los mataderos, los establos, las lecherías, los gallineros, el tránsito, expendio de bebida alcohólica, la tenencia de animales, las acequias, construcción, las letrinas públicas y un sin número de actividades.

 La mejor forma de constatar este proceso es el surgimiento de varias poblaciones como: Alejandro del Río, Atria, Beneficencia y Asistencia Pública, Escuela de Carabineros, William Noon, Cousiño, Estadio Gath y Chaves, Girardi, Kéller, entre un número bastante amplio.

En cuanto al modelo urbano de la comuna, casi espontáneamente privilegió las casas con grandes antejardines y un sin número de plaza las más conocidas Pedro de Valdivia, Loreto Cousiño, Las Lilas, Lo Contador, Atria, Joaquín Valledor, Luis Thayer Ojeda, Montecarmelo, etc. La fisonomía de la comuna se perfilaba como una ciudad jardín característica que hasta el día de hoy se conserva.

En 1930 Providencia contaba con 42.000 habitante era la segunda comuna de Santiago en población y se proyectaba como una comuna donde el paisaje era importante. Oscar Praguer paisajista austriaco ayudó a formar la identidad urbana de la comuna, se le encomendó la construcción de un parque el que fue llamado parque Providencia, después se le cambió el nombre a parque Japonés y después Gran Bretaña y hoy es el parque Balmaceda.  Su construcción se llevó a cabo en la ribera sur del río Mapocho, trabajo que absorbió la mano de obra cesante de la crisis salitrera.  

Según la arquitecto Monserrat Palmer seis factores influyeron en la formación de la ciudad – jardín: el clima, la topografía,  la presencia de obras de Karl Brünner (parque Bustamante) y Oscar Praguer (parque Balmaceda), las empresas loteadoras y las ordenanzas locales; estas últimas normaron las construcciones y espacios para poblaciones y edificios[1].

Las urbanizaciones que se hicieron en Pedro de Valdivia Norte en Manuel Montt, en Antonio Varas,  en Pedro de Valdivia, en Ricardo Lyon, en Francisco Bilbao, todas ellas respondieron a un modelo de construcción de barrios, donde cada retazo de terreno fue aprovechado en jardines y plazoletas.

 La  avenida Providencia se perfiló como un sector comercial, diferentes tipos de establecimientos comerciales ocuparon sus calles. Los típicos emporios dieron paso a las sastrerías, a los restaurantes, a las boticas (farmacias), carnicerías, almacenes, etc. 

El nuevo equipamiento urbano inserto en un entorno de amplias áreas verdes se mostró atractivo para ser habitado, creciendo considerablemente la población, desde 1970 a la actualidad hay un proceso de consolidación  y modernización de la comuna.




[1] Palmer Tria, Monserrat, La Comuna de Providencia y la Ciudad Jardín. 1984.

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